sábado, 5 de septiembre de 2009

RECUERDOS DE MI INFANCIA (ÚLTIMA PARTE)

Cuatro Jóvenes Extranjeros
Así vivíamos, cuando el 6 de octubre de 1937, se mudaron al barrio cuatro muchachos altos, rubios y bien vestidos, que usaban sombrero cuando salían y tenían un fuerte acento extranjero. Alquilaron la casa de la esquina de las calles 67 Nº 1349 esquina 22, justo frente a nuestro negocio. Venían de una propiedad que habían alquilado el 9 de enero de 1937, en la calle 62 Nº 938 (e) 13 y 14. En realidad, los misioneros habían llegado a la ciudad el 28 de diciembre de 1936 por unos pocos días se alojaron en un hotel.
Nuestra relación con ellos fue a través del negocio. Eran muy buenos clientes. Compraban muchos lácteos (leche y quesos), pan, miel, fideos y kerosene para las estufas y el “calentador”, que usaban como cocina. También consumían mucha fruta, nueces y sobre todo, chocolate.
Los vecinos estaban intrigados: “¿De dónde vendrán y cuáles serán sus intensiones?”, preguntaban. Cuando los veían por la calle, los chicos avisaban: “Allá vienen los rusos”, seguramente porque eran rubios. Otros, más atrevidos y tal vez incitados por adultos, les gritaban “haga patria, mate a un ruso” y algunos hasta le arrojaban piedras…Pero poco a poco esa hostilidad inicial fue cediendo. La actitud cordial de los muchachos, que jamás contestaban los agravios e insultos, fue ganando la confianza de los chicos del barrio y a las pocas semanas, después de blanquear las paredes interiores, abrieron el local y comenzaron las reuniones. Ya no les llamaban “rusos” sino “místers”, porque habían descubierto que eran “norteamericanos”. Y cuando empezamos a asistir a las reuniones ya eran “hermanos”. En verdad, nos enseñaban que todos éramos hermanos…
En el mes de marzo de 1938, comenzó formalmente la “Primaria” para varones exclusivamente. A las pocas semanas me nombraron secretario. Llevaba las actas y pasaba lista, ayudado por mi hermano Rolf, quien era “el presidente”.
Todavía conservo como un verdadero tesoro histórico, el cuaderno. Teníamos 19 inscriptos y con asistencia más regular estaban mi hermano Rolf Valter Salvioli (Pichón), Ricardo Pache, Nelo Nucilli, Clovi Darré, Omar Gaite, el “Negro” Pache, Salvador “Pichi” Pache, Eduardo Arenilla, Cacho Martino, “el mono”, Salvador Demarco, Carrasco, José Gaite, Omar Puchi, Felipe Stornelli, “Coco” Bertarini, “Chiche” García y yo. Unos meses más tarde, comenzaron a asistir Roy y Ronald Mazzuchi, nietos de George Taylor y su esposa, el primer matrimonio investigador.
Él estaba jubilado y había sido contratado desde Inglaterra, para ser uno de los primeros maquinistas” del ferrocarril Sud. Eran personas adorables y los “hermanos”, por razones de idioma, se sentían muy cómodos y pasaban mucho tiempo con ellos.
Los comienzos fueron muy modestos pero ya funcionaba la “Rama” de La Plata. Un nombre extraño para entonces, se puede decir que fue a través de los niños de la Primaria que se introdujo el mensaje del Evangelio Restaurado de Jesucristo en la ciudad. Como referencia menciono que sólo a tres cuadras de allí, funcionaba el Seminario Mayor San José de la Iglesia Católica, que ocupaba todo una manzana. Los jóvenes ingresaban como seminaristas y egresaban como sacerdotes.
Para ese tiempo, ya se habían renovado los primeros cuatro misioneros mencionados en el prólogo. Ahora teníamos que aprender otros apellidos difíciles para nosotros, como Nelson (Morris E.), Fenn (Karl R.), Allen (Ben R.), McBride (Richard J.), Smith (Jesse Ben), Beus (James), Standing (Robert), Madsen, Reed, etc. La mayoría venían del oeste de los EE.UU. de Norteamérica: Utah, Arizona y Wyoming, con origen vaquero (cowboys). Por eso, además de enseñarnos religión, nos mostraban algunas técnicas de su tierra, como la de manejar la soga, enlazar, etc. Con el tiempo yo fui un experto y hasta me vestían de cowboy…

El 1 de julio de 1938, tuvimos la primera reunión de la Primaria registrada en el “Libro de Actas”:
“Al Nelo y Negro los lavaron porque vinieron con la cara sucia…”, dice en uno de sus párrafos.
Algunas veces, no sólo los lavaban sino que los bañaban, antes de la reunión. Para ello, los “hermanos” habían perforado un caño de zinc conectado a una manguera o directamente metían a los chicos en la pileta de lavar la ropa, para estar en mejores condiciones de cantar:
“Cristo El quiere que brille; que brille para El; Siéndome siempre humilde, Y siempre siendo fiel. Que brille, que brille; Cristo Él quiere que brille; Que brille, que brille, Yo brillaré para Él”.

El “Acta” de la reunión siguiente (15 de julio), dice textualmente:
“El maestro fue Allen, la primera oración fue por el hermano Lito y la segunda oración por el hermano Hugo. Cantamos. Después de cantar comimos manices, después de comer muchos manices fuimos a hacer ejercicios porque binieron unos chicos trabiesos y empezaron a jugar.”
Acta del día 22 de julio de 1938:
“El maestro fue entre el hermano Allen y el hermano Aodolfo2. La primera oración fue por el hermano Hugo. El hermano Allen tenía unas lecciones muy lindas, participaban el hermano Lito y el hermano Gaite. La segunda oración por el hermano Gaite. El hermano Allen tenía una caja de chicles y los repartió entre los chicos y después de masticar bien los chicles, cantamos”.
Acta del día 29 de agosto de 1938:
“Los maestros eran el hermano MacBride y Duke y el hermano Lloyd no sabe hablar bastante bien pero los chicos le entendían. Cantamos unas canciones muy lindas por el hermano Pichi. Después de decir la oración pidieron los chicos que toque algo con la armónica y cantó “tipitin tin tin” y después cantó otra que se llamaba “ayá en el rancho grande” y los chicos lo acompañaban. Después de cantar, la última oración por el hermano Hugo”.

Acta del día 4 de setiembre de 1938:
“Los maestros fueron Nelson y Lloyd y después yegaron los hermanos Duke y el hermano Mac-
Bride que fueron a comprar los guantes. Cantamos en la página 106 (“Jesús es Mi Luz”) la primera oración por el hermano Cacho después cantamos otra canción muy linda que se encuentra en la página 105. El hermano Nelson dijo a los chicos, bueno bamos a pintar un pajarito y nosotros enseguida dimos vuelta los bancos y pintamos, después de pintar fuimos a “vocciar” con los guantes, después de “vocciar” mucho nos despedimos y los chicos salieron muy alegres de “vocciar” tanto estaban cansados.”3
Siempre recuerdo el día que el hermano Fenn (Karl R.) y su compañero, trajeron en el tren desde Buenos Aires, un armonio a pedal. Fue todo un acontecimiento. Ahora podíamos cantar acompañados con música, y poco tiempo después, también se organizaron algunos conjuntos corales. La mayoría de los “hermanos” sabía tocar el armonio y otros instrumentos, tales como el violín, la trompeta, guitarra, etc. En ese tiempo yo empecé a practicar con la armónica…
Pocas semanas después, comenzaron las reuniones dominicales: La Escuela Dominical por la mañana y la Reunión Sacramental por la tarde. Los “hermanos” dirigían todo pero daban alguna participación y enseñaban cómo hacerlo a los mayores del grupo, como Rodolfo y mi hermano Rolf. Además de la Biblia, tenían “El Libro de Mormón” (Edición 1929) y “Revelaciones de los Ultimos Días”, de tapa azul, con algunas de las revelaciones que había recibido el Profeta José Smith. Para cantar teníamos un pequeño himnario mimeografiado con sesenta (60) himnos seleccionados de “Deseret Songs”, con la letra solamente. Cuando los misioneros llegaban o cuando se los transfería a otro lugar, nos dejaban como recuerdo unas tarjetas en colores con la dirección de la Casa de la Misión en Buenos Aires y su propia dirección en los EE.UU. y la foto de un Templo que había sido construido en el estado de Utah, en la ciudad que fundaron y que se llamaba Salt Lake. Al dorso, estaban los 13 Artículos de Fe, que había escrito el Profeta José Smith a requerimiento de un periodista y representaba un resumen de las principales creencias de la Iglesia. Yo las coleccionaba y trataba de memorizar los Artículos de Fe.
El tema de mi primer discurso, fue tomado de la última parte del versículo de Gálatas 5:13: “…servios por amor los unos a los otros”. Yo era tímido y estaba muy nervioso, sin embargo recibí el apoyo de los hermanos: “Tú puedes, Huguito…”. Tenía 9 años. Un día me pidieron que aprendiera de memoria el versículo de Santiago 1:27: “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”, porque tenía que repetirla en casa de uno de los investigadores que estaban enseñando. Lo hice también con mucha vergüenza. En verdad, fue el primer versículo que aprendí y sin querer fui introduciéndome en las Escrituras y también a amarlas…
Los bancos de madera eran muy incómodos. Habían sido construidos por los misioneros y tenían el respaldo vertical, no inclinado.
Para presentar el Libro de Mormón, los misioneros estaban preparando una conferencia, cuyo tema principal era: “Conozca el Origen del Indio Americano”, dirigidos y supervisados por el Presidente Young, un experto en el tema.
Para entonces, ya empezaron a asistir también algunas hermanas, como mi madre (María), Matilde, Felisa y Delia Gaite, María Esther (Negra) y Elsa (Ñata) Pache, y Aniceta Castro (una vecina de los Taylor). Se empezaban a escuchar algunos vocablos extraños, como por ejemplo, “el domingo vamos al culto…”. Con el tiempo ese término cayó en desuso, por suerte.
A principios del año 1939, tuve una experiencia única. Los misioneros me llevaron a la localidad de Ensenada, cercana a La Plata, porque desde ese puerto, partiría un barco para llevar de regreso a su hogar al Presidente W. Ernest Young y familia. En ese tiempo no se usaban aviones comerciales y el barco era el medio de transporte para trasladarse al exterior.
Los Primeros Bautismos
El lugar para efectuar los bautismos se llamaba “boca cerrada”, porque era el final del camino al balneario de Punta Lara en el Río de la Plata. Allí terminaba el partido de La Plata y comenzaba el de Berazategui. Íbamos a ese lugar porque el bautismo “se debía hacer por inmersión para la remisión de los pecados” y además, era muy tranquilo.
El primer bautismo lo recibió el hermano Rodolfo Saltalamacchia, el 25 de mayo de 1938. Meses más tarde, el 29 de enero de 1939, se bautizaron mi hermano Rolf, las hermanas Gaite y las hermanas Pache. Todo un acontecimiento. Ese mismo día, pero en el local, recibieron “la confirmación como miembros de la Iglesia y se les confirió el Espíritu Santo”. Todas las ordenanzas eran realizadas por los “hermanos”, porque ellos “poseían la autoridad del sacerdocio”, y además todo era registrado. A cada hermano se le entregaba el certificado firmado. “La Casa de Dios es una Casa de Orden”, decía un cartel que colgaba del púlpito.
La Rama iba creciendo y la casa nos quedaba chica. Por tal motivo, en noviembre de 1939 nos mudamos a una más amplia, con terreno y frutales, en la calle 18 Nº 1529 (e) 63 y 64, a sólo 8 cuadras de la anterior.
En ese tiempo, había una gran tensión entre algunas naciones de Europa. Se comenzaban a escuchar los “rumores de guerra” que hablaban los profetas.4
El segundo grupo bautismal, se llevó a cabo el 10 de diciembre de 1939. Era una mañana nublada y fresca. Mi madre y yo nos bautizamos junto con Juan Carlos Párraga, Alejo Villarruel, y Aniceta Castro. Estuvo presente el Presidente Federico S. Williams, que recientemente había reemplazado al Presidente W. Ernest Young, como Presidente de la Misión Buenos Aires Argentina. En el bautismo de mi madre ofició el hermano Karl R. Fenn y en el mío, el hermano Jesse B. Smith. Fue un día inolvidable. Precisamente fue el hermano Fenn, luego de una Conferencia de Misión en el mes de octubre en la capilla de Liniers que nos desafió a mi madre y a mí a bautizarnos. Todavía no era el tiempo de mi padre… Recuerdo que ese día cantamos “Nos Veremos en el Río”, de la página 50:

Nos veremos en el río,
cuyas aguas cristalinas,
cuyas ondas argentinas,
llegan al trono de Dios.

CORO
Oh, si nos congregaremos
en las márgenes del río;
nuestras vidas renovadas
por la gracia del Señor.

En las márgenes del río,
presentémonos sentidos,
a vivir arrepentidos,
por la gracia del Señor.
El que baja en el río,
con Jesús tendrá morada,
no tendrá el mal entrada,
allí sólo reina Dios.

Antes de salir del río,
nuestra carga dejaremos,
libres todos estaremos,
por la sangre del Señor.

Algunas semanas más tarde, trasladaron al hermano Smith a la Oficina de la Misión, como secretario. Yo me enfermé de tristeza. Mi madre, muy preocupada, habló con los hermanos que quedaron y el Presidente Williams me invitó a pasar una semana en la Casa de la Misión (calle Manzoni 268, de la Capital Federal). Fui el mimado de la familia y el “compañero” del hermano Smith. Nunca olvidaré el amor que recibí del presidente y las atenciones de la mucama, una hermana alemana que se llamaba Greta y preparaba comidas y postres muy ricos. Regresé a casa recuperado y feliz. El hermano Smith era de Montana, Wyoming y nunca más tuve noticias de él, pero le estaré eternamente agradecido por su ternura y bondad.
Para ese tiempo, yo había terminado el 4to. grado de la escuela primaria, con la Srta. Martha, en la Escuela Leopoldo Herrera Nº 42, a cuatro cuadras de casa. Recuerdo que cursé el primer grado con la Srta. Zulema, el segundo con la Srta. Aurora y el tercero con la Srta. Biscayart. Le decíamos señoritas, aunque fueran casadas. Todos sabían que mi hermano y yo no éramos católicos, pero jamás fuimos discriminados. Por el contrario, siempre fuimos respetados.
Un joven de la localidad de Haedo, que trabajaba en Rentas y había sido llamado como misionero de tiempo parcial, llegó a la Rama. Vivía con los misioneros y se llamaba Samuel Boren. Resultó ser un joven excepcional y al poco tiempo fue llamado como el primer Presidente argentino de la Rama de La Plata. Era muy buen deportista y también tocaba el violín. Durante las reuniones del domingo, acompañaba los himnos con ese instrumento cuando no había pianista. Junto con otros misioneros, ayudó a formar a varias generaciones de líderes locales. Esa fue una gran bendición, ya que pocos años después y por motivo de la guerra mundial, comenzó a disminuir la llegada de misioneros de origen norteamericanos5.
En ese tiempo, los misioneros norteamericanos tenían un equipo estable de “basquetbol” y otro de “baseball” y competían con equipos de primera de diferentes clubes locales. Fue una manera de difundir el nombre de la Iglesia. Había jugadores sobresalientes y uno de ellos, Rolf Larson, fue autorizado para integrar el equipo de la selección nacional de basquetbol.
También se organizó una “banda de jazz” de misioneros norteamericanos que recorría las principales ciudades con el mismo fin. Eran tiempos difíciles para la obra proselitista. La Iglesia crecía muy lentamente, “como el roble de la bellota”, como había profetizado el Apóstol Melvin J. Ballard.
Conclusiones
Así transcurrieron los primeros diez años de mi vida. Criado en el seno de una familia honorable, de clase económica pobre pero muy emprendedora y con deseos de progresar y suficientemente abierta, como para permitir, en una época de tantos prejuicios, que la Verdad Restaurada nos fuese enseñada. Hacía sólo 12 años, que un apóstol del Señor, el Elder Melvin J. Ballard, había arribado a la ciudad de Buenos Aires con otros hermanos de los Setenta, para dedicar “las tierras sudamericanas a la predicación del Evangelio restaurado de Jesucristo”. Fue en el Parque Tres de Febrero, hoy Palermo, el 25 de diciembre de 1925. En ese tiempo presidía la Iglesia, Heber J. Grant y sus consejeros eran J. Reuben Clark (h) y David O. McKay, primero y segundo respectivamente.
En el tiempo de mi bautismo la Iglesia tenía aproximadamente 750.000 miembros, la mayoría residía en el oeste de los EE.UU. de Norteamérica, siete Templos y sólo dos misiones en Sudamérica: Buenos Aires, Argentina y Sao Paulo, Brasil, con aproximadamente
700 miembros en total. En el Gran Buenos Aires Sur, desde la Ciudad de Avellaneda hasta nuestra ciudad, sólo había dos Ramas: La Plata y Quilmes, a aproximadamente 40 Kilómetros de distancia una de la otra. Recuerdo con cariño a algunas familias de esa localidad, tales como los Oguey, Maillard, Biebesdorf y Riegler, de procedencia europea. Éramos un puñado de miembros.6
La aceptación del Evangelio en nuestra familia, fue un proceso natural. Mi hermano y yo no teníamos prejuicios religiosos, dado que mi padre se había opuesto a que fuésemos bautizados en la iglesia Católica cuando nacimos. Proceder insólito en ese tiempo.
Poco a poco comenzamos a estudiar las Escrituras y a participar activamente en llamamientos de la Iglesia. Siempre fuimos amados, respetados y reconocidos en nuestro servicio. Estaba naciendo y fortaleciéndose, un firme testimonio del Evangelio Restaurado de Jesucristo. Él comenzaba a ser mi Salvador y mi Redentor…

Referencias:
(1) En el año 1906, llegó a Buenos Aires, el famoso director de orquesta Arturo Toscanini. Lo acompañaban su esposa Carla y su hijo Giorgio. Vino contratado para dar conciertos en el famoso Teatro Colón. Durante su permanencia en el país, su hijo contrajo difteria, y a los pocos días falleció.
(2) Rodolfo Saltalamacchia, fue el primer miembro de la Iglesia en La Plata. Se bautizó el 25 de mayo de 1938 y había conocido la Iglesia en el primer local alquilado: calle 62 Nº 938 (e) 13 y 14. Era un entusiasta e inteligente joven de 17 años.
(3) Se respetaron la sintaxis y la ortografía originales.
(4) El fin de la paz mundial llegó el 1º de setiembre de 1939, cuando Alemana invadió Polonia. Dos días después, Gran Bretaña y Francia, declararon la guerra al III Reich alemán. Así comenzaba la Segunda Guerra mundial. EE.UU. de Norteamérica entró en la guerra el 7 de diciembre de 1941, tras el ataque japonés a Pearl Harbour. El 7 de diciembre de 1945, tras la declaración de Yalta, llegó el final de la guerra. Se perdieron millones de almas. Comenzaba la guerra fría entre las naciones aliadas.
(5) Entre 1942 y 1945, se interrumpió la llegada de misioneros norteamericanos, por motivo de que EE.UU. de Norteamérica había ingresado en la guerra. Se comenzó a llamar a jóvenes argentinos para que sirvan misiones de tiempo completo. Durante los primeros meses del año 1942, había sólo tres misioneros extranjeros: Fletcher Memmot, Carl Call, de las colonias de mormones en Chihuahua, México y Carl Young ,“Carlitos”, el hijo menor del Presidente W. Ernest Young, que había regresado al país para reemplazar al Presidente Federico S. Williams. Fue una época difícil, pero, por otro lado, permitió el desarrollo del liderazgo local.
(6) Al mes de octubre de 2007, la población mundial de la Iglesia es de aproximadamente 13 millones de miembros, distribuidos en más de 113 países y territorios, 347 misiones, 124 Templos y 12 más bajo construcción o anunciados. En el área Sudamérica Sur hay 523.000 miembros y sólo en Argentina, 362.000. En el territorio del Gran Buenos Aires Sur, como se mencionó, había sólo dos Ramas en 1939, ahora existen 8 Estacas y 65 Barrios y Ramas con más de 26.000 miembros.

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