domingo, 5 de julio de 2009

LA ARQUEOLOGÍA Y EL LIBRO DE MORMÓN

Durante nuestro llamamiento en el Centro de Capacitación Misional (2000-01) en la ciudad de Guatemala, tuvimos el privilegio de vivir en el corazón de Mesoamérica; término utilizado para identificar la floreciente cultura maya, en un vasto territorio conocido hoy como el sur y sudeste de México (península de Yucatán), Guatemala, El Salvador, Honduras, Belice y algunas zonas de Costa Rica y Nicaragua. Abarca el período llamado preclásico: 2500 AC a 1500 DC., y se estima que el 90% de los sitios arqueológicos existentes durante el período del Libro de Mormón, estuvieron en ese lugar. El resto se encuentran en Sudamérica, principalmente en Perú y Bolivia.Entre las ciudades más imponentes construidas en ese período, figuran Palenque (México), Tikal (Guatemala) y Caracol (Belice), emplazadas en medio de la selva y Copán (Honduras) entre las montañas.
Afortunadamente tuvimos oportunidad de visitar Tikal, con una extensión de 572 km2, el más grande de los 3.000 sitios arqueológicos mayas de Guatemala, que con el tiempo se constituyó en un centro de matemática, astronomía y arte, que les permitió concebir el Calendario de 365 días, comparable al gregoriano que usamos en la actualidad. Se encuentra dentro de un parque nacional en plena selva y se estima que tuvo 300.000 habitantes. Para caminar desde un grupo de edificios a otro, hay que atravesar bosques lluviosos, en compañía de monos aulladores, aves de toda clase y otros animales de la zona. Encontramos enormes templos, con frecuencia piramidales, con tallados de relieves sobre la piedra, que demuestra que poseían una gran destreza. Vimos también palacios, plazas abiertas, terrazas y canchas de deportes. Fue todo un desafío subir a las torres, de entre 45 y 70 metros de altura…
Recientemente fue descubierta otra ciudad oculta bajo la selva del período preclásico, que llamaron Ichcabal, al sudeste de la península de Yucatán, con tesoros desconocidos del esplendor de la civilización maya.
Cuando Jacob bendijo a sus hijos, reservó para José y sus descendientes la bendición más significativa: “Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro…Hasta el término de los collados eternos, serán sobre la cabeza de José.” (Génesis 49:22,26)
Los descendientes de José, Lehi e Ismael, vinieron al Nuevo Mundo, en cumplimiento de la profecía. Lehi salió de Jerusalén con su familia y al llegar al océano, construyeron un barco. En sus registros, no aclara dónde llegaron, pero sabemos que la llamaron “la tierra de Nefi”. No dice que encontraron otros pueblos, pero tampoco indica que no los hubiera. Podemos decir con autoridad, que en la actualidad, los descendientes de la tribu de José, especialmente de Efraín, están preparando todas las cosas para la Segunda Venida del Salvador.
Evidentemente se trataba de “las otras ovejas”, como enseñó el Señor. (Juan 10:16; 3 Nefi 15:21-24)
No es de extrañar entonces, que al dedicar el Templo de la ciudad de Guatemala, el 14 de diciembre de 1984, el Presidente Gordon B. Hinckley pronunciara estas palabras: “…nuestro corazón se hincha de gratitud porque te acuerdas de los hijos e hijas de Lehi, de las muchas generaciones de nuestros padres quienes sufrieron enormemente y vagaron por tan largo tiempo en la oscuridad, has escuchado sus lamentos y has visto sus lágrimas. Ahora se abrirán para ellos las puertas de la salvación y la Vida Eterna.”
La arqueología es una manera de hacer historia y de entender cómo vivieron los pueblos de la antigüedad que ya no existen. Su misión es recuperar los restos de materiales que han sido preservados, estudiarlos y relacionarlos entre sí.
El Libro de Mormón, que en año 1982 se le agregó el subtítulo: “Otro testamento de Jesucristo”, no es un libro de historia, ni de geografía, ni lo pretende ser, a pesar de que relata hechos históricos y habla de lugares geográficos específicos (Alma 22:27-34). Lo esencial fue trasmitir un mensaje espiritual: “Es un volumen de escritura sagrada semejante a la Biblia. Es una historia de la comunicación de Dios con los antiguos habitantes de las Américas y contiene la plenitud del evangelio eterno.” (Introducción) Estos registros sagrados –“palo de Judá” y “palo de José”-- se complementan y forman un testimonio unificado de que Jesús es el Cristo. (Ezequiel 37:15-19; 2 Nefi 3:12 y “Guía de Estudio”, pág. 114)
¿Dónde sucedieron los acontecimientos que relata el Libro de Mormón?
Una de las hipótesis que más se acerca al estudiar la geografía y la cultura del lugar, es Mesoamérica, especialmente Chiapas, el sur de México y Guatemala. El Istmo de Teotihuacán, sería “la estrecha lengua de tierra” (Éter 10:20) o “la angosta faja de terreno”. (Alma 22:27)
En los días del rey Mosíah, se les mandó que salieran de la tierra de Nefi y llegaron a Zarahemla. Allí encontraron a otro pueblo, los mulekitas, que también habían escapado de la destrucción de Jerusalén a mano de los babilonios, poco después de Lehi. Zarahemla estaba junto a un río grande, Sidón (Alma 22:27), que algunos arqueólogos mormones suponen que es el río Grijalba de México.
Muy cerca de la ciudad capital de Guatemala, se asienta Kaminal-juyú (las tierras altas). Allí se encontraron rastros de escrituras, de aproximadamente 600 AC. De acuerdo a estudios realizados, podría tratarse de las tierras de Nefi.
El malvado rey Noé tenía sacerdotes. Uno de ellos fue Alma, padre, que se convirtió por medio de Abinadí y posteriormente fue bautizado en “las aguas de Mormón”, que se supone es el actual Lago Atitlán. Geográficamente es una buena posibilidad.
Reitero, son solo hipótesis. No es doctrina, pero es un esfuerzo de profesionales que estudiaron prolijamente el terreno. Los mencionados, son sólo algunos ejemplos.Nunca necesité apoyarme en “evidencias externas”, para saber que el Libro de Mormón en verdad es “otro testamento de Jesucristo”. En sus páginas existen casi 4.000 referencias de Él y lo mencionan con más de 100 títulos diferentes. Sin embargo, siempre me interesaron los estudios serios realizados por personas idóneas.
Recomiendo dos vías infalibles para tener un testimonio del Libro:
1) “…si despertáis y aviváis vuestras facultades hasta experimentar con mis palabras, y ejercitáis un poco de fe, sí, aunque no sea más que un deseo de creer, dejad que este deseo obre en vosotros…” (Alma 32:27)
2) Recurrir al Señor, “con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo.” (Moroni 10:4-5)
Hasta la próxima!


Ref.: “Exploring the Lands of the Book of Mormon”, por Joseph L. Allen, Ph.D.

viernes, 26 de junio de 2009

REFLEXIONES AL LLEGAR A LOS 80

“En los ancianos está la ciencia, y en la larga edad la inteligencia.”
Job 12:12

A lo largo de nuestra vida pasamos por diversas etapas: niñez, adolescencia, juventud, madurez, senectud. Cada una de ellas tiene su encanto y merece ser vivida plenamente, aprovechando las oportunidades que nos deparan y, en lo posible, evitando lamentos o quejas cuando vamos creciendo y envejeciendo, ya que según Salomón, si bien es cierto que “la gloria de los jóvenes es su fuerza…la hermosura de los ancianos es su vejez.” (Proverbios 20:29)
En este mes de junio, voy a integrar el selecto grupo de los “mayores de 80 años”, que en nuestro país tiene 1.000.000 de “socios”, apenas un 2,7 % del total de la población, con una expectativa de vida de 77 años. Asimismo, si consideramos que en el planeta hay aproximadamente 5.900 millones y lo habitan sólo 100 millones entre esas edades (1,70%), es realmente un privilegio estar vivo.
Estoy convencido que llegar a la vejez con buena salud y bienestar físico, espiritual y mental, en gran medida está determinado por los hábitos y estilos de vida, si es que logramos zafar de enfermedades genéticas graves. En mi caso, obedecer el “código de salud del Señor”, llamado la Palabra de Sabiduría (Sección 89 de Doctrina y Convenios)), me ayudó especialmente y, además, pude comprobar el cumplimiento de sus promesas:
“Y todos los santos que se acuerden de guardar y hacer estas cosas, rindiendo obediencia a los mandamientos, recibirán salud en el ombligo y médula en los huesos;
“Y hallarán sabiduría y grandes tesoros de conocimiento, sí, tesoros escondidos;
“Y correrán sin fatigarse, y andarán sin desmayar.
“Y yo, el Señor, les prometo que el ángel destructor pasará de ellos, como de los hijos de Israel, y no los matará. Amén.”
(Versos 18 al 21)
Hoy, como nunca, estoy de acuerdo con el poeta uruguayo Mario Benedetti (1920-2009): “Cuando por los años, no puedas correr, trota; cuando no puedas trotar, camina. Cuando no puedas caminar, usa un bastón. Pero nunca te detengas.”

Además, cultivar la mente y desarrollar y afirmar el carácter, con los principios del Evangelio de Jesucristo como base, hacen la diferencia. “No malgastes los días de tu probación…” (2 Nefi 9:27)

En la escritura de Job ya mencionada, habla de “ciencia e inteligencia” de los ancianos; ¿será por eso que creen que conocen todas las respuestas, pero con desazón comprueban que nadie les pregunta nada?
El otro día, un vecino mayor que yo, me decía que a veces, cuando está sentado en la cama, no recuerda si se está levantando o se va a acostar, ¡pobre!
Lo que yo sí estoy comprobando con preocupación, es que mi lista telefónica de nombres que comienzan con “doctor”, está superando a la de mis amigos…
¡Cuidado! Hay algunos muy mayores que se han tomado en serio la profecía de Joel “vuestros ancianos soñarán sueños…” (2:28), y se la pasan reposando.

Una declaración (casi una súplica) de 3.500 años atrás, tiene plena vigencia hoy, y hay que prestarle la debida atención: “No me deseches en el tiempo de la vejez, cuando mi fuerza se acabe, no me desampares.” (Salmos 71:9)
¿Será por eso que el único mandamiento con promesa dice: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se alarguen en la tierra que Jehová tu Dios te da”? (Éxodo 20:12)
Tal vez en esta etapa, lo más difícil sea seguir adelante y mantenerse firme en nuestras metas, creencias y obligaciones, cuando surge algo inesperado a nuestras vidas que nos hace tambalear. “La grandeza de una persona –dijo el Elder Marvin J. Asthon—se mide por la manera en que ésta reacciona ante los sucesos que parecen ser totalmente injustos, desmedidos e inmerecidos. A veces tenemos la tendencia de dejarnos vencer por una situación, en lugar de sobrellevarla…” (Liahona, octubre de 1984,pág.18).
El ejemplo de Abraham es digno de ser tenido en cuenta: “Y no se debilitó su fe al considerar su cuerpo, que estaba ya como muerto (siendo de casi cien años)…” (Romanos 4:19)

Cuando era un adolescente, un gran maestro que tuve después de una clase en la Mutual, poniéndome su mano en mi hombro me dijo:
Hugo, cuando tú viniste al mundo, estabas llorando y sonreían los que estaban a tu alrededor; vive de tal manera, que cuando salgas de este mundo, los que te rodeen estén llorando, y tú puedas sonreír…”
Creo que hoy como ayer, debemos seguir el consejo de Pablo a Tito: “Que los ancianos sean sobrios, serios, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia. Y las ancianas asimismo sean reverentes en su porte, no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien.” (2:2-4)
Hace unos años atrás, al terminar una Charla, un joven se me acercó y me preguntó “cómo me gustaría que me recordaran.” No tuve respuesta, pero vino a mi mente lo que Jehová le dijo a Abraham: “…y serás sepultado en buena vejez.” (Génesis 15:15)

¡Hasta la próxima década!
Hugo N. Salvioli- Junio de 2009

miércoles, 10 de junio de 2009

SIGUE RECUERDOS DE MI INFANCIA (SEGUNDA PARTE)

La Ciudad
En el año 1926, mis padres se mudaron a la zona sur de la ciudad de La Plata (calle 67 Nº 1365 entre 21 y 22). Mi hermano ya había nacido (9 de octubre de l924). La ciudad tenía 44 años de vida y había sido fundada por el Dr. Dardo Rocha (1838-1921-jurisconsulto, legislador y escritor) el 19 de noviembre de 1882. Nació para ser la capital de la Provincia de Buenos Aires y había sido proyectada en el plano, antes de comenzar cualquier edificación; por eso los habitantes e jactaban que era única entre las ciudades del orbe y conocida también como la ciudad de los diagonales”. Tiene particularidades únicas, como cuando se cruzan dos avenidas y se origina una plaza, por ejemplo. La principal y el centro geográfico es la plaza Moreno, que abarca seis manzanas y la limitan las calles 12, 14, 50 y 54; nunca supe con certeza por qué no existe la calle 52 en su trazado. Sobre la acera de la calle 14, se levanta la Catedral, una obra monumental que abarca una manzana y está considerada entre las principales catedrales de América. Mi padre nos contaba que había sido peón en esa obra, cuando se preparaban para festejar el centenario de la revolución del 25 de mayo de 1810. Tenía sólo 13 años. Enfrentándola, sobre la calle 12, se construyó el hermoso edificio de la Municipalidad.


También es muy famoso y reconocido mundialmente, el Museo de Historia Natural, sede de la Facultad de Ciencias Naturales, enclavado en medio del Bosque de la ciudad, cerca del Zoológico y de otras facultades que conforman la Universidad de La Plata, fundada por Joaquín V. González en el año 1905. En su larga historia, tuvo célebres rectores y decanos, como el Dr. Alfredo L. Palacios (1880- 1965), primer diputado socialista del país y al que tuve el honor de conocer en el año 1943, cuando era Decano de la Facultad de Derecho y disertó en los jardines del Rectorado de la Avda. 7 entre 48 y 49. Por aquél entonces yo era un estudiante de primer año en el Colegio nacional, que pertenecía a la Universidad. Uno de los habitantes ilustres de la ciudad, fue Florentino Ameghino (1854-1911), paleontólogo y geólogo argentino y Director del Museo. Lo menciono porque mi madre me dijo que lo conoció, ya anciano, cuando él tenía una librería en la ciudad.

Mi Casa
Comenzaré describiendo nuestra casa, que como casi todas las del barrio, eran “de material”, es decir, de ladrillos asentados en argamasa de barro, y pasto seco y revocadas con arena y cal. Construida íntegramente por mi padre los fines de semana, y en verano, cuando los días eran más largos, también luego de la jornada de trabajo. Mi madre le servía de peón. Fueron días de gran sacrificio, pero felices porque tenían un proyecto que alcanzar. Comenzó con una pieza, la cocina y la letrina, que se construía bien alejada de la casa y conectada a una cámara séptica y a un pozo ciego. El agua se obtenía mediante una bomba que se accionaba manualmente con gran esfuerzo. El peligro de contaminación de los pozos ciegos con la napa de agua, era una de las preocupaciones de aquellos días. La fiebre tifoidea era una enfermedad grave siempre al asecho.


Una de las características de la construcción de entonces, era que una de las habitaciones tenía un sótano, para almacenar lo que se producía en verano: vino, salsas de tomate, escabeches, ajíes en vinagre, orejones, dulces, mermeladas, etc. Todo producido en la quinta donde además de verduras, se plantaban árboles frutales, como higueras, durazneros, ciruelos y cítricos. Casi todo lo que se consumía, se cosechaba y elaboraba en familia. Algunas de ellas, también carneaban cerdos para preparar jamones y embutidos de toda clase, que se estacionaban en un lugar fresco y seco. Era una costumbre de los países europeos, que nuestros abuelos inmigrantes italianos, transmitían a sus hijos.


Casi todas las familias criaban sus gallinas y pollos, en el famoso “gallinero”, que se construía en el fondo, lindando con la quinta. Allí iban a parar parte de los desechos orgánicos, el resto servía para abonar la tierra. La mayoría de los desperdicios eran biodegradables. Nunca faltaban los huevos frescos. También era común que se construyera el “horno de barro” para cocinar el pan casero una vez por semana. Las familias se auto abastecían con verduras y frutas frescas y siempre tenían reservas de alimentos. En el amplio terreno, teníamos una pareja de “teru-teru”, que nos avisaban cuando merodeaban animales con malas intensiones…


Las comidas más comunes eran el “puchero” de gallina con todos los ingredientes y la sopa correspondiente (“olla con gallina, la mejor medicina”), las pastas caseras (fideos, ravioles, ñoquis), polenta con tuco y a veces con pajaritos, tortilla a la española, guisos, mayonesas caseras con papas y pollo, carne al horno con papas, buñuelos de espinaca y milanesas con “chuño”, mi plato favorito. Como postres se servían flanes, cremas, frutas y el budín de pan con pasas de uva y nueces, cuando sobraba pan viejo. Nada se tiraba. Para la merienda, siempre había pan con manteca caseros, tortas fritas – cuando llovía- y de vez en cuando “pastelitos” de hojaldre con dulce de membrillo. Lo acompañábamos con leche caliente y una barra de chocolate, que llamábamos “submarino”. ¡Un verdadero manjar!


La leche la repartían “suelta”, diariamente en carro tirado por caballo, casa por casa, y en medidas de 1 litro. Dos veces por mes, pasaba un paisano con una vaca y su ternero, ordeñando en la calle. Los vecinos salían con sus recipientes para llenar. No olvidaré jamás la crema que sobrenadaba. Mi madre la aprovechaba para hacer manteca.

martes, 2 de junio de 2009

RECUERDOS DE MI INFANCIA (PRIMERA PARTE)

A partir de ahora, publicaré "Recuerdos de mi Infancia" en breves capítulos. Abarca los primeros 10 años de mi vida (1929-1939). Nací en plena depresión económica mundial, y hoy, 80 años después, estamos atravezando una crisis económica, que afecta a todos los países de la tierra.
Espero que les resulte de interés.
Hugo

Dedicado a mis descendientes

“La piel se arruga
el pelo se vuelve blanco.
Los días se convierten en años.
Pero lo importante no cambió:
Tu fuerza de convicción
no tiene edad.
Tu espíritu es el plumero de cualquier telaraña,
detrás de cada día, detrás de cada línea de llegada ¡hay una partida!
Detrás de cada logro hay otro desafío,
mientras estés vivo, siéntete vivo.
Si extrañas lo que hacías, vuelve a hacerlo…
Sigue.
Aunque todos esperen que abandones.
No dejes que se oxide el hierro que hay en vos.
Haz que en vez de lástima te tengan respeto.
Cuando por los años no puedas correr, trota;
cuando no puedas trotar, camina.
Cuando no puedas caminar, usa un bastón.
Pero nunca te detengas.”
Mario Benedetti (Escritor uruguayo)

Prólogo
Este breve relato histórico, abarca una década: Desde 1929, año en que nací, hasta 1939, año en el que experimenté mi segundo nacimiento: bautismo por inmersión en el Río de La Plata, el día 10 de diciembre. Después del fallecimiento de mi hermano Rolf, el 17 de diciembre de 2006, me di cuenta que yo era el único sobreviviente activo de aquella primera generación de miembros y sentí que era mi responsabilidad registrar las circunstancias de vida en aquéllos días en que, para asombro de todos los vecinos, se mudaron al barrio, cuatro jóvenes norteamericanos: Ross Holland, Lavon Flake, Verlen Smith y James A. Mortensen, en el mes de octubre de 1937.


Capítulo Primero
1929-1939

Mi Familia
Tuve una niñez feliz, criado por buenos padres y con un solo hermano, Rolf, casi cinco años mayor que yo y mi referente por aquéllos años. Mi padre Rafael, un albañil frentista y mi madre, María Falchi, ocupada en los quehaceres del hogar. Ambos con educación primaria incompleta, pero suficientes para cumplir con sus obligaciones y afrontar la gran depresión económica mundial que comenzó en el año 1929, precisamente cuando yo nací (26 de junio). Trabajo, responsabilidad y honestidad en el trato con los semejantes, fueron el legado principal que recibí de ellos. Fui criado en una época en que, para la mayoría de las personas, “la palabra era un pagaré”. De los abuelos, sólo conocí a los padres de mi madre: Lucio Falchi y Dominga Badone. Lucio era de origen italiano, pero argentino, había nacido en Saladillo, Provincia de Buenos Aires. En cambio ella había llegado de niña de Italia con sus padres. Los visitaba casi todos los días porque vivían muy cerca de casa, en la calle 67 Nº 1290 (e) 20 y 21. Mi abuela estaba paralítica y postrada en un sillón; el abuelo se ocupaba de la comida para los 8 hijos solteros que vivían con ellos y cuidaba y aseaba a la abuela. Eran muy amorosos conmigo. A los abuelos paternos, Rocco Vicenzo y Catalina Pagano, ambos italianos, no los conocí. Llegaron siendo jóvenes y se casaron en Buenos Aires.

lunes, 11 de mayo de 2009

LA CANTERA Y EL TEMPLO


En el mes de setiembre de 1992, con un grupo de hermanos del Sistema Educativo, que representábamos a 82 países, viví una experiencia única al pie de la montaña Wasatch Front, en la cantera de granito llamada Little Cottonwood Canyon, de donde se extrajo la piedra para construir el Templo de Salt Lake, en Utah.
Cuando llegamos al lugar, nos esperaban las herramientas de mano que utilizaron los primeros obreros 140 años antes, cuando no había ni electricidad ni máquinas. Sólo masas para golpear, brocas para taladrar la piedra y cuñas de acero para cortarla. Además, martillos rugosos para pulir y cinceles para refinar.
Nos dividieron en grupos y cada uno tenía trabajos específicos asignados.
A mí me tocó sostener la broca y esperar que otro compañero golpeara con la pesada masa para perforar la piedra hasta hacer un orificio de 25 centímetros de profundidad. Esta operación debía repetirse cada 20 centímetros, para luego colocar una cuña de acero en cada abertura y golpear al unísono para que el bloque de piedra de varias toneladas, cayera al piso. “Piedra cortada del monte…” (Daniel 2:34-35) Tardaban aproximadamente 2 horas para perforar cada orificio y 1 mes para cortarla con las cuñas.
Ya en la superficie, marcaban la piedra y la cortaban en pequeños bloques de acuerdo a las especificaciones que indicaba el arquitecto del templo. Cuando llegaban al sitio de la construcción, se pulían las caras que daban al exterior, con un martillo especial y el cincel. Demoraban 2 días para preparar cada bloque.
Se construyeron 30 carretas planas (chatas), para trasladar los bloques a la ciudad, tiradas por bueyes. Demoraban 2 días para recorrer los 40 kilómetros. La piedra más pequeña pesaba 1 tonelada. Y no pocas veces la carreta se quebraba cuando lograban cargarla. Colocaban gruesas cadenas alrededor del bloque que era arrastrado por bueyes hasta las carretas. Desde el mes d
e febrero de 1853 –fecha en que se comenzó la construcción del templo—hasta 1870, cuando se terminaron las vías del FF.CC., ese fue el procedimiento.
Recién entonces el traslado fue en vagones pero siempre arrastrados por bueyes, hasta que llegaron las locomotoras a vapor tres años después.
Como no había hombres expertos para trabajar en canteras, se contrataron 40 hermanos de Escocia. Trabajaban 10 horas por día, 6 días a la semana. Vivían en tiendas, alejados de sus familias y expuestos a los rigores del clima, las víboras y alimañas de toda clase. Sólo los domingos descansaban y tenían un servicio sacramental con hermanos que llegaban de los Barrios de la ciudad.
Estuvimos sólo 6 horas en la cantera; tiempo suficiente para reconocer el enorme sacrificio de estos esforzados hermanos.
Uno de ellos escribió en su diario: “Hemos sacado un templo para el Señor, de las canteras de granito, para el gozo de las futuras generaciones”.Cuatro días después de llegar al valle, el 28 de julio de 1847, el Presidente Brigham Young, acompañado de otros líderes de la Iglesia, señaló el lugar donde se iba a levantar el templo, clavando su bastón. Pero pasarían casi 6 años para la ceremonia de la palada inicial (febrero de 1853). El 6 de abril del mismo año se colocaron las 4 piedras angulares de 3 ½ toneladas c/u., representando “los cuatro cabos de la tierra”, y dos años más tarde se terminaron de llenar los cimientos.
En esa época, la Iglesia comenzaba un período de pruebas y aflicciones muy
severas, en algunos casos por desafíos internos y en otros por persecución del gobierno del Estado. Motivo por el cual se cubrieron los cimientos y se suspendió la construcción en el año 1858. Dos años más tarde se descubrieron nuevamente. El Presidente Brigahm Young visitó el lugar para hablar con el arquitecto y los obreros y luego de una inspección, ordenó reemplazar la roca caliza de la que estaban construidos, por bloques de granito. “Este templo debe permanecer de pie y sin fisuras hasta la Segunda Venida del Salvador”, les dijo.
Treinta años más tarde, el 6 de abril de 1892, el Presidente Wilford Woodruff presidió la colocación de la piedra de coronamiento. Finalmente, el 6 de abril de 1893, lo dedicó con la presencia de más de 50.000 personas. Habían pasado 40 años desde la palada inicial. “Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.” (Isaías 2:2)
“Oh Señor –dijo el Presidente Woodruff en su oración dedicatoria—con intensos e indescriptibles sentimientos, contemplamos la finalización de esta sagrada Casa. Dígnate en aceptar éste, el cuarto templo que Tus hijos del convenio han erigido en estas montañas, auxiliados por Ti. En tiempos pasados, inspiraste con Tu Santo Espíritu a Tus siervos los profetas… Te agradecemos el haber tenido la gloriosa oportunidad de contribuir al cumplimiento de esas visiones… y que hayas condescendido permitirnos tomar parte en esta gran obra.” (“Enseñanzas…” pág.182).
Bajé de la monta
ña con una visión renovada de la eternidad y con la firme determinación de ir tallando y refinando mi “hombre natural” (1 Cor. 2:14; Mosiah 3:19) para no dejarme influir por las “pasiones y apetitos de la carne” y ser más sensible “a los susurros del Espíritu”. “¿No sabéis que sois templos de Dios?” (1 Cor. 3:16-17)
“…vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo”. (Ver 1 Pedro 2:4-10)
¡Hasta la próxima!

viernes, 1 de mayo de 2009

ACERCA DE HUGO N. SALVIOLI

Hugo Salvioli nació el 26 de junio de 1929, en la ciudad de La Plata, Buenos Aires, Argentina, donde cursó sus estudios y conoció la Iglesia de Jesurito de los Santos de los últimos Días hacia fines de la década de 1930. Fue bautizado en el Río de la Plata, en la localidad llamada Punta Lara el 10 de diciembre de 1939. En ese tiempo, no llegaban a 300 los miembros en todo el país y había solamente dos misiones en Sudamérica: Buenos Aires, Argentina y Sao Paulo, Brasil.
En el año 1950, cumpliendo con el Servicio Militar obligatorio, egresó con el grado de sub-teniente de reserva en la Escuela Antiaérea de la localidad de Camet, Mar del Plata.
En el año 1951, recibió el Diploma de Técnico Químico Industrial y durante 15 años ejerció su profesión en la Empresa DuPont Argentina.
Líder y educador religioso, fue Director del Sistema Educativo de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, para Argentina, Paraguay y Uruguay, administrando cursos para jóvenes durante 22 años. En ese tiempo también fue llamado para presidir la Misión Bahía Blanca Argentina (1983-1986).
En el año 1994 se jubiló y luego fue llamado para presidir, junto a su esposa Miryam, el Templo de Buenos Aires (1994-1997) y el Centro de Capacitación Misional en la ciudad de Guatemala (2000-2001). Además, ha servido como presidente de rama, presidente de distrito y de estaca y como representante regional en dos oportunidades.
Actualmente, a los 79 años, sirve como Asesor de Área de Historia Familiar y Obra del Templo.
Es padre de tres hijos y abuelo de ocho nietos.

"NO ESTÁ AQUÍ..."

Para comprender cabalmente el título de este artículo, debemos completar la oración: “...sino que ha resucitado de los muertos."(Lucas 24:6) Probablemente la declaración más trascendente y esperanzadora de las escrituras. Es menester recordar las preguntas que Pablo formuló a los santos en Corinto:

“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?” (1 Corintios 15:55)Los israelitas instituyeron la Fiesta de la Pascua o del “pan sin levadura”, para recordar que el ángel destructor pasó de largo sobre las casas de los hijos de Israel, librándolos de la esclavitud de los egipcios. Para ello, se usó la sangre de corderos sin mancha como señal en los dinteles. (Éxodo 12:21-28)Jesús mismo asistió a varias Pascuas (Lucas 2:41-42). La primera de ellas cuando era niño (12 años) acompañado de sus padres. La última vez, Él mismo celebró su inminente sacrificio expiatorio, en la víspera de la noche de su crucifixión: “Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos.” (Mateo 26:18).La muerte del “Cordero de Dios”, es un tipo de salvación infinitamente mayor que el libramiento de la muerte de los primogénitos de Israel, ya que nos liberó de la muerte eterna (resurrección) y de la esclavitud del pecado (muerte espiritual). Podemos afirmar que Cristo es nuestra pascua:“Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.” (1 Cor. 5:7; ver Éxodo 23:15).

Al leer el capítulo 12 de Éxodo, podemos observar la profunda analogía y el carácter simbólico del “Cordero pascual”; en el versículo 5 leemos: “el animal será sin defecto...”, por cierto símbolo de Jesucristo. Asimismo, los “panes sin levadura” que no solo les recordaba el apresuramiento con que habían salido de la esclavitud, sino que la levadura representaba la hipocresía y el orgullo.

Para profundizar en la expiación, debemos considerar tres lugares claves de la última semana del Salvador: 1) El Jardín de Getsemaní, donde tomó sobre sí el dolor y los pecados de la humanidad: “Su sudor era como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.” (Lucas 22:44; ver Dy C 19:18) 2) El Gólgota o Calvario, especialmente las tres últimas horas, donde lo humillaron y padeció la muerte física.3) El sepulcro, cedido por Jose de Arimatea.Mientras colgaba en la cruz, el Salvador hizo siete declaraciones, que demuestran Su amor, perdón, obediencia, esperanza y sacrificio infinitos:
1. “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.” (Lucas 23:34)2. “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” (Lucas 23:43)3. “Mujer, he ahí tu hijo”, le dijo a Su madre. A Juan el amado, el único apóstol registrado que estuvo presente en la crucifixión, agregó: “He ahí tu madre.” (Juan 19:26-27)4. “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” 5. “Tengo sed.” (Juan 19:28)6. “Consumado es.” (Juan 19:30)7. “Entonces Jesús, clamando a gran voz, dijo: Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. Y habiendo dicho esto, expiró.” Lucas 23:46)

El participar semanalmente de la Santa Cena, nos provee la oportunidad de hacer un sacrificio personal, de un corazón quebrantado y u espíritu contrito, recordando Su sacrificio por nosotros. (3 Nefi 9:20)Al igual que Nefi, yo “no sé el significado de todas las cosas...” pero sé que me ama, (1 Nefi 11:16-17), y que en el momento que Él disponga, también mi tumba quedará vacía.
Hasta la próxima!